29 de noviembre de 2008

Guayaquileños de 1ra y de 2da clase

Más allá de lo que considero correcto o incorrecto desde mi punto de vista político, hay gente que simplemente me cae mal. Hay privilegios que no tolero, y por muy buena que sea su causa el simple hecho de saber quiénes son ya me producen rechazo.

Antes de ayer, posteé un artículo ajeno explicando por qué estoy en contra de la censura de ciertos programas. Mi posición es simplemente esa, me opongo a que el Estado me diga qué debo y qué no debo ver. En eso se basa mi libertad, en la capacidad de decidir por mi mismo, cuáles porquerías meterme en el mate y cuáles no. No necesito que un burócrata bien intencionado (ja), vanguardista, iluminado y muy políticamente correcto venga a decirme qué me hace daño y qué no.

Eso, e ir al hemiciclo de la Rotonda a ver a Pinoargotti y al patucho Valdivieso hablar de cosas que ni siquiera entienden, es muy diferente. Yo no necesito que Marián Sabaté venga a hablar en nombre de mi libertad de expresión, ni necesito canalizar mis quejas de un sistema autoritario a travez de personajes de la televisión.

Ayer conversando con Andrés (la otra persona que escribe en este blog, fíjense donde dice "publicado por", pues ya van mínimo un par de veces que me preguntan como puedo contradecirme a mi mismo por artículos que yo ni siquiera he escrito), me enteré de que se iba a realizar un plantón en el Malecón 2000 en contra de la censura sufrida por el gobierno. Me parece positivo que realicen sus actividades, sin embargo aparte de que me caigan mal porque los medios de comunicación masivos siempre han sido los primeros en falsear la verdad cuando de sus intereses se trata, ahora me causa asco saber que lo que un día nos dijo Xavier Andrade es cierto: en guayaquil hay ciudadanos de primera y de segunda categoría.

"Evidentemente lo que a instituido la renovación urbana, son ciudadanos de primera y de segunda clase. Tienes ciudadanos de primera como Margarita Arosemenea Gómez-Lince, que hace sus desfiles todos los días miércoles aquí (...), y Jorge Gilbert y los "terroristas" que luchamos por los derechos, somos ciudadanos de segunda clase, los informales son ciudadanos de segunda o de tercerca clase (...)"
Xavier Andrade,
respondiendo a una entrevista para un documental que estamos realizando.

Más claro ciudadanos de primera son todos los que la Alcaldía considera aliados, y ciudadanos de segunda son quienes de alguna u otra manera deslegitimamos las políticas de Nebot. Ahora, al parecer, todos esos personajes de la farándula televisiva son también ciudadanos de primera categoría.

¿Por qué Margarita Arosemena y las demás viejas peluconas (ahora vienen los comentarios de que soy un correísta resentido jaja) tienen luz verde para hacer bulla en la Plaza San Francisco todas las semanas y cuando la gente de Activismo Guayaquil realiza plantones por algún motivo ecologista se lo trata de impedir? ¿Por qué Pinoargotti tiene las puertas abiertas del Malecón 2000, para pararse a exponer sus quejas en pleno Hemiciclo de la Rotonda y cuando la gente del colegio Celestín Freinet junto al grupo de teatro Arawá organizaron una toma de espacios públicos se les trató de cancelar la actividad? ¿Por qué las concentraciones por el No en el reféndum fueron permitidas y las marchas o concentraciones de comerciantes informales son reprimidas por garroteros?

La respuesta es simple: porque no pertenecemos a su círculo, ni representamos sus intereses. Así como en el país se vive una censura por parte del gobierno central a todo lo que no vaya con sus intereses, de igual manera en Guayaquil se vive una criminalización por parte del gobierno local a todo aquello que no sea pro-Nebot.

Ojalá ningún nebotsista tenga el descaro de venirme a decir que lo que digo no es cierto, pues yo hablo lo que he vivido. A nosotros nos han cerrado las puertas del Malecón 2000, por ser marcha del 15 de Noviembre o por querer realizar alguna actividad o plantón ahí dentro; a nosotros nos han sacado de la varias zonas regeneradas bajo el argumento de que "no se puede tener una reunión de más de 10 personas"; a nosotros nos han amenazado con escopeta para que nos retiremos de los alrededores del Municipio porque "éramos sospechosos"; a nosotros nos han querido llevar presos guardias municipales por discutir defendiendo nuestro derecho a la libre expresión por la cual lloran ahora; etc, etc.

Con nosotros me refiero a todos los que no representamos la derecha mercantilista y conservadora de la élite guayaquileña; y es por eso que aunque estoy en contra de cualquier tipo de censura y rechazo la intromisión estatal en nuestras decisiones televisivas, el simple hecho de que a algunos les otorguen los permisos y privilegios que nos son negados a los demás, me hace ver lo puerca y detestable que es la administración local.

"(... continuando el comentario anterior), entonces esas jerarquías han sido creadas por un sistema que es profundamente autoritario, pero que se disfraza de un discurso democrático"

28 de noviembre de 2008

Crímenes de Estado, Responsables directos


Hace unos días tuve la oportunidad de ver el video realizado por la Comisión de la Verdad, que compone una serie de testimonios reales y crudos de víctimas de tortura y encierro durante el período 1984-1988.

Este video muestra los lugares en los cuales las víctimas (en su mayoría acusadas de subversivos) eran sometidas a las peores condiciones que alguien pueda imaginar. Muestran la infraestructura de aquellos lugares (sótanos, subterráneos, prisiones) diseñadas escencialmente para este tipo de atrocidades.

Los testimonios, así como las comprobación de la existencia de dichos lugares, se convierte en una prueba feaciente de las políticas fascistas y del terrorismo de estado que se ejercía durante ese período. Así mismo, constituyen un pilar fundamental para reabrir una serie de casos y señalar a los actores de aquellos crímenes, muchos de quienes actualmente cumplen cargos públicos y mantienen una cómoda vida basada en riquezas de dudosa procedencia.

Aunque el estado ecuatoriano asumió su culpa y resonsabilidad ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en aquellos casos de atentados a los derechos y principalmente en el caso de la desaparición de los hermanos Restrepo, la culpabilidad que asume el estado es simplemente una densa cortina de humo que esconde a un gran autor intelectual y a sus colaboradores.

Aquella figura nefasta, quien presidió la presidencia entre 1984 y 1988 es León Febres-Cordero. Personaje ligado a los intereses empresariales, vocero de la oligárquicas mafias nacionales y gestor del modelo neoliberal/mercantilista en Ecuador, el cual comenzaba a tomar fuerza en el mundo gracias a sus padrinos Reagan y Thatcher.

Febres-Cordero representaba una minoría elitista y un modelo demencial e irracional. En plena guerra contra el "terrorismo" y siguiendo órdenes desde el norte, instauró un sistema en nombre de la seguridad nacional y del estado que criminalizaba a la propia vida social. Bajo esta lógica fascista, la sociedad entera tenía que sacrificarse por la integridad del estado. Las consecuencias ya las sabemos, el terror sistematizado.

Los casos de violaciones a los derechos humanos, no son excesos policiales ni casos aislados. Son consecuencia de una política de miedo y criminalización, especialmente a los movimientos sociales que gestaban sus reinvindicaciones. Una política diseñada desde el Pentágono, cuyos fines eran la conquista del hemisferio sur con la ayuda de sus lacayos empresariales. Método de la 3ra Guerra Mundial o Guerra Fría allá por los 80 y que aún perdura en nuestra "democracia".

Cuando alguien maneja el monopolio de la fuerza, el terrorismo de estado no es coincidencia, sino la consecuencia lógica del manejo de la institucionalidad, el programa político e incluso de cierta forma la personalidad de quien está al mando.

La culpa es sin duda visible. Leon Febrés-Cordero era mandatario en aquel entonces y los testimonios de las víctimas lo embarran de sangre. La policía con su mentalidad obtusa no hacía más que acatar órdenes del Ministerio de Gobierno; los grupos violentos "contrarevolucionarios" encabezados por Toral Zalamea no eran mera coincidencia; las torturas y ejecuciones extrajudiciales tampoco lo eran; los Restrepo desaparecieron más que por un descuido policial sino porque sus políticas represivas se les habían salido de las manos; el SIC y sus interrogatorios no obedecían a una voluntad propia sino que eran ordenados desde arriba; y el asesinato de Nahim Isaías no fue por parte de los subversivos sino producto de la desesperación de un gobierno que desvalorizó la vida en todas sus formas.

La Comisión de la Verdad tiene una gran responsabilidad: revelar los nombres de los demás cómplices y los autores materiales de todos estos crímenes de estado. Y, más allá de señalar al estado como culpable pues éste no es más que el vehículo con el cual se llevaron a cabo los atentados, hay que personalizar las culpas, señalando responsables específicos y sancionando individualmente a todos quienes cometieron tantas atrocidades.

José Luis, Buenos Muchachos y la Censura

- Como me da pereza escribir un artículo diciendo lo mismo que ya dijeron otros, y a veces toca aceptar que personajes que por lo general me causan repulsion a veces suelen escribir cosas inteligentes, pongo a continuación un artículo que me robé del blog de Manuel Ignacio Lecaro -
Jose Luis Censurado
El Consejo Nacional de Radiodifusión y Televisión (Conartel) prohibió a Canal Uno la transmisión del programa ‘José Luis sin Censura’. Agárrense de su control remoto. El Gobierno nos lo quiere quitar. Pretende decidir por nosotros lo que podemos o debemos ver. Empieza la censura.
Qué ironía. El primer programa censurado tiene en su nombre el calificativo “Sin Censura”. Pareciera que el Conartel lo escogió con dedicatoria.
Yo ni sabía de la existencia de este programa. Lo busqué en YouTube. Es bastante burdo, al puro estilo de Jerry Springer, Laura en América y esos talk shows basura que acaban siempre en insultos y puñetes. Pero por malo u ofensivo que pueda resultar, no le corresponde al Gobierno decidir si podemos o no verlo, sino a cada uno de nosotros. Para algo tenemos gustos distintos, sentido común, y dedos con la libertad de cambiar de canal si nos da la gana. No necesitamos que un funcionario público escoja la programación por nosotros.
El Conartel y este Gobierno no entienden lo que es la libertad de expresión. Su concepto de libertad está limitado a permitir aquello que ellos consideran correcto o moral. No entienden que la libertad de expresión implica justamente lo contrario. Permitir todo tipo de expresiones o manifestaciones. Incluso y sobre todo aquellas que no nos gustan o nos molestan. Si el Conartel va a censurar todo aquello que nos parezca ofensivo, ¿qué tal si empiezan con las cadenas de los sábados del Presidente?
Nos dirán que no están censurando nada, sino aplicando la ley que determina que el Conartel “regulará y controlará… la calidad artística, cultural y moral de los actos o programas de las estaciones de radiodifusión y televisión”. Nuestros inquisidores socialistas del siglo XXI aprendieron bien del Presidente en esto de aplicar a su gusto las leyes. Igual que cuando el Presidente persigue a quien lo “ofende” aplicando esa ley que dice que “El que con amenazas, amagos o injurias, ofendiere al Presidente de la República… será reprimido con seis meses a dos años de prisión…”, el Conartel hace las del Chacal de Don Francisco, decidiendo a su antojo quién se queda y quién se va de nuestros televisores.
Empezaron con José Luis. Ya vendrán otros. La censura como forma de control y amenaza. A ‘Buenos Muchachos’, programa en Gama TV con segmentos de sátira política, también lo sacaron del aire. Por lo visto los directivos del canal, ahora estatal, no quieren que hagan chistes del Gobierno. ¿Siguiente en la fila?
Junto a la censura que comienza, el Gobierno ya controla varios canales de televisión que poco a poco van adoptando una línea más gobiernista. A todo esto, ¿no dizque iban a vender esos canales incautados lo más rápido posible? Ya han pasado algunos meses y no veo ningún letrero de “Se Vende” en las puertas de TC o Gama TV. ¿Qué esperan? ¿Qué pasen las próximas elecciones? ¿Qué los amigos del poder reúnan la plata para comprarlos?
El Gobierno busca controlar a los medios de comunicación. Que ‘José Luis sin censura’ sea un programa basura no legitima en absoluto su prohibición. Esta censura atenta contra nuestro más elemental derecho a ver, leer o decir lo que queramos, sin que el Gobierno nos vigile o pretenda decidir por nosotros.

27 de noviembre de 2008

Movimientos sociales y abolir leyes

La humanidad a lo largo de la historia a sido testigo de muchas injusticias y atrocidades. Sin embargo, por suerte, también a sufrido muchos cambios y revoluciones que han ido eliminando gran cantidad de barbaridades. Los protagonistas de estos cambios son, por lo general, los movimientos populares. Son los activistas sociales quienes prenden la chispa de la revolución que luego será la antorcha de lucha de toda una comunidad.

Sin embargo se cree, gracias al pensamiento estatista, que estas luchas populares han sido posibles y valederas debido a la institucionalización de las mismas a través de leyes. Yo como libertario considero lo contrario.

Los grandes cambios sociales en los últimos dos siglos, no ha tenido nada que agradecer a la legalidad, al contrario era contra las leyes la pelea. Si bien es cierto que muchos cambios han terminado en la creación de nuevas leyes, ésta es solo la forma y no el fondo. El fondo real del asunto, es la abolición de leyes absurdas.

Por ejemplo: en la lucha contra el apartheid lo importante no es que ahora diga que todos tenemos derechos sin importar la raza, eso siempre a sido así es el derecho natural, el problema es que existían leyes que decían que los no blancos no tenían derechos iguales y fue justamente lo que se abolió; ese es el fondo del asunto. En el movimiento por el sufragio femenino, no se consiguió la creación de una ley que permita a las mujeres votar, se consiguió abolir la ley que decía que solo los hombres podían hacerlo.

También es cierto que gran parte de estos cambios son de carácter sociocultural, y dependen de la evolución de la sociedad. Sin embargo toda la vida ha habido gente de avanzada y con un pensamiento de vanguardia dispuesta a dar la vuelta a la tuerca. El problema más que si la sociedad avanza o no, es que existen leyes que no permiten que los individuos que quieran avanzar lo hagan.

Por ejemplo: en la Alemania nazi, no todos los alemanes odiaban a los judíos. De hecho la gran mayoría no lo hacía, pero existía una disposición legal de exterminación y si alguien era cómplice de esconder o defender un judío era castigado. Es por esto que pocos se atrevían a hacerlo. Si simplemente se tratara de una sociedad estúpida, los que no somos tan estúpidos hubiéramos ayudado a los judíos y el holocausto no hubiera sido tan atroz.

La comunidad GLBTT después de mucho trabajo y organización logró su despenalización. No es necesario que haya una ley que diga que todos tenemos derechos sin importar nuestra orientación sexual, eso es solo la forma. Lo importante es que ya no hay una ley que criminaliza la homosexualidad, ese es el fondo. La sociedad sigue siendo, en su gran mayoría, homofóbica pero la diferencia está en que las violaciones a los derechos de los homosexuales ya no están institucionalizadas.

Como libertario apoyaré siempre toda causa cuya lucha sea la despenalización de actividades y la eliminación de leyes absurdas. Y así mismo, como libertario nunca apoyaré movimientos cuya causa sea la creación de nuevas leyes o la criminalización de algún acto.

En el ámbito local, por ejemplo apoyo la causa de las organizaciones de comerciantes informales. Hay que entender que más allá de la forma y de los aliados políticos debido a la coyuntura actual, lo importante está en el fondo. La causa de las organizaciones de comerciantes minoristas e informales, es simplemente que se anulen las ordenanzas municipales que no les dejan trabajar en determinados lugares, así como la de decomiso, multas y arresto. No están pidiendo leyes de subsidios, ni presupuesto, ni construcción ni nada, simplemente que se los despenalice.

La misma lógica se aplica para demás movimientos como los que luchan por la despenalización de los taxi-amigos, o de los tricimotos en Pascuales, o de la legalización de la marihuana, o de la derogación de la ley de tránsito que no permite vendedores en los buses, o la venta libre de la Postinor y la Cytotec, o de la despenalización del aborto, etc, etc.

*No es necesario que una ley diga que yo tengo derecho a escribir malos artículos como éste, simplemente es necesario que NO diga que me está prohibido hacerlo.

24 de noviembre de 2008

Mutualismo en una Lección

- artículo robado de mutualismo.org

El anarquismo es una ideología que aspira a la máxima ampliación de la libertad individual; a la formación de una sociedad en la que cada cual es dueño de su trabajo y, en consecuencia, a la abolición de la renta, el interés y la usura*1. Al contrario que el anarquismo colectivista o comunista, el mutualismo es una vertiente individualista del anarquismo que considera que todo esto puede lograrse a través del mercado. Para ellos, este no es la fuente del mal, sino un sistema neutral de intercambios voluntarios que ha sido alterado por el Estado para beneficiar a unos pocos: los banqueros, las grandes corporaciones, los terratenientes y los burócratas. Sin su respaldo, todos ellos caerían, dando lugar a una sociedad más igualitaria que cualquier régimen comunista, pero respetando la propiedad y la libertad individual.

Sin patentes que protejan los inventos e innovaciones de las corporaciones de la competencia, estas no podrían crecer desmesuradamente y controlar el mercado. Cualquier invento sería copiado rápidamente por los competidores, y los precios y beneficios caerían en picado con prontitud. Bill Gates no hubiera amasado una décima parte de su fortuna en la anarquía mutualista, y el descenso de precios en maquinaria y tecnología facilitaría el acceso de los obreros a los medios de producción.Además, gracias a esto, los fármacos y los libros de texto serían muy baratos (en el caso de los primeros, se calcula que alrededor de 40 veces más baratos*2), eliminando la necesidad de la sanidad y la educación estatales.

Sin tierras monopolizadas por los terratenientes, cualquiera podría cultivar el suelo libre y convertirse en un pequeño propietario. Nadie pagaría renta a los terratenientes y el precio de las tierras descendería; de esa forma se cumpliría el eslogan campesino de “la tierra para quien la trabaja” sin abolir la propiedad, y las viviendas serían más baratas.

Sin aranceles que protejan al empresariado nacional de la competencia internacional, tanto los precios como los beneficios caerían, impidiendo que las empresas protegidas crecieran a costa de los consumidores.

Sin el monopolio del dinero, que limita la emisión de dinero y la constitución de bancos a unos pocos privilegiados, los tipos de interés caerían gracias a la competencia. Como consecuencia, los negocios se multiplicarían, lo que presionaría sobre la demanda de trabajo y haría subir los salarios. Cada oleada de inmigrantes sería solventada, no mediante restricciones estatales, sino gracias a una demanda de trabajo siempre creciente. La libertad bancaria haría posible que las asociaciones obreras formaran bancos y emitieran billetes (respaldados por oro, plata, etc.) para financiar sus proyectos libres de interés.La eliminación de impuestos y licencias tendría efectos similares, estimulando los negocios y aumentando los salarios. La balanza se tornaría en favor de los obreros o, como dirían los clásicos, los empleos irían detrás de los empleados y no al contrario. La demanda de trabajo superaría su oferta.

Además de estos cuatro monopolios denunciados por Tucker, Carson ha advertido que el Estado subvenciona el transporte de las corporaciones. Los aeropuertos, puertos y carreteras son estatales; los aviones y barcos se construyen en gran medida con dinero estatal, y su combustible está subvencionado por el Estado. Sin esto, el precio de los productos vendidos por las corporaciones aumentaría, y los consumidores se inclinarían preferentemente por las empresas locales, que no tendrían que soportar los altos costes de transporte. En lugar de McDonald’s, que sería caro, es probable que aparecieran pequeñas hamburgueserías para saciar la demanda, suministradas con pan y carne del país. Zara, Nike, H&M y muchas otras empresas que basan su modelo de negocio en estos falsos “bajos costes” ocultos por la subvención, caerían igualmente, sustituidas en gran parte por pequeñas y medianas empresas.

También es probable que prácticas de agricultura ecológica, hoy apartadas del mercado a causa de esta subvención, florecieran impetuosamente en la anarquía mutualista. A esto se sumaría una cierta desconcentración de las ciudades gracias al bajo precio de las tierras y a la abolición de la centralización política, que concentra los recursos de la periferia en las capitales administrativas (lo que explica por qué muchas de las grandes ciudades están en el Tercer Mundo).

La organización mutualista de la sociedad saciaría las aspiraciones de los obreros, permitiéndoles conquistar los medios de producción con facilidad; de los pequeños propietarios, al eliminar los impuestos y la protección del Estado al gran capital; de los campesinos, devolviéndole la tierra y, en general, de todos aquellos que padecen la ineficiencia de los servicios públicos del Estado, de la concentración de la riqueza, del encarecimiento de la vida o de los salarios de subsistencia –si los hay.

Respecto a los servicios de seguridad y de justicia, serían provistos por asociaciones voluntarias; bien en competencia como cualquier otro servicio, bien bajo control democrático de las comunidades y mutualidades, de forma parecida a las asociaciones vecinales de Argentina durante el corralito. El Estado suele ser lento, ineficaz y distribuye sus recursos y efectivos policiales arbitrariamente (por ejemplo, los barrios más conflictivos tienen menos protección, etc.); en la anarquía mutualista, en cambio, la descentralización y el interés de productores y consumidores garantizaría su buen funcionamiento.

Las compañías de seguridad tendrían sus propias normas internas, y tratarían de evitar las guerras con otras compañías, que les supondrían costos adicionales, pactando con ellas para resolver los pleitos de sus clientes pacíficamente, en tribunales de arbitraje neutrales. Su interés en percibir beneficios las haría razonablemente pacíficas en comparación con el Estado, minimizando los conflictos.

La separación de poderes que claman los juristas del Estado es una ficción, ya que estos poderes no tienen intereses opuestos y son fácilmente influenciables por el ejecutivo (como muestra la ascensión por vía democrática de Hitler, o la persecución judicial de ETA según los caprichos del gobierno). En anarquía, el contrapeso de poderes estaría garantizado por el interés real de las compañías y los tribunales, reduciendo la arbitrariedad y ampliando la libertad individual: Las agresiones de las compañías estarían limitadas por la resistencia de las otras compañías; sus intentos de convertirse en Estados, dominando a los clientes, serían rápidamente solventados con la huida masiva de los mismos a otras compañías, etc.

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*1: Entiéndase por abolir “reducir hasta el precio de costo”. Por ejemplo, el interés del dinero no puede abolirse estrictamente, pero sí reducirse hasta el mínimo imprescindible para el funcionamiento del banco. Véase El principio de costo.

*2: Para esto véase Estado de Bienestar, ¿para qué?- Una crítica mutualista.

17 de noviembre de 2008

Esclavos, hoy

- robado del blog de Martín - Destructor de Mitos

En los últimos siglos, uno de los grandes avances de la humanidad ha sido la reducción notable de las situaciones de esclavitud. Aunque, lamentablemente, aún se dan casos de este tipo, en general se trata de prácticas reprobadas por la inmensa mayoría de las personas. Sin dudas, se trata de una mejoría fenomenal si considera que hasta bien entrando el siglo XIX la posesión económica de personas era un hecho común de la vida.


Debe comprenderse bien el fenómeno de la esclavitud en aquellos tiempos: su existencia no obedecía a la voluntad de personas perversas, malsanas o inhumanas. Simplemente se creía que así debían ser las cosas y que de esa manera la organización social funcionaba relativamente bien. En definitiva, se reconocía que existía algo así como una jerarquía natural (o cultural) que justificaba la explotación de unos en beneficio de otros.


Pero evolucionamos y actualmente esa visión resulta inaceptable y aberrante para casi todos. Hoy, una persona no puede ser dueña de otra, es decir, no puede (o no debe) hacerla trabajar en forma compulsiva para su propio beneficio.


Sin embargo, aún continúa aceptándose una forma de esclavitud indirecta (o mediata): uno no es libre de utilizar en lo que desee todo el producto de su trabajo. En la práctica, una parte no menor de los ingresos generados por cada individuo es compulsivamente apropiada y utilizada para fines que dependen de las preferencias de un grupo mayor o menor de personas (*). No es casualidad que a esta apropiación la denominemos “impuestos”.


Por supuesto, se trata de un sistema más “amable” y que se encuentra debidamente presentado con un barniz de solidaridad. Pero una vez eliminada esa cáscara, una vez que analizamos en profundidad ese sistema de organización de las relaciones sociales y las creencias y valores que lo sustentan, nos encontramos con un núcleo que aún conserva gran cantidad de residuos esclavistas.


Somos en gran medida libres para elegir a quien venderle nuestro trabajo (un avance no menor), pero continuamos siendo esclavos a la hora de dar uso a los recursos de generamos. Tal como hacían los esclavistas, el grupo de poder que controla al estado (y por lo tanto los medios políticos y la violencia institucionalizada) nos utiliza como objetos económicos destinados a aportar compulsivamente a sus intereses y fines particulares.


En el futuro, creo que esto último será visto tal como vemos a aquel sistema de esclavitud directa del pasado, que tanta repugnancia nos produce hoy.

(*) Siempre cercanas y funcionales a los grupos de poder socio-económico establecidos.


- Lo único que puedo agregar a este escrito, es que si bien con la esclavitud el hombre a evolucionado, esta evolución no se dio a partir de la nada sino a partir de quiénes se negaron a ser o tener esclavos. Esa desobediencia siempre es y será necesaria para dar los debidos cambios en la sociedad. Así como los negros que huyeron, y quienes los ayudaron a ser libres, no esperaron el futuro sin esclavos sino que forjaron su propio camino, hoy nosotros tampoco debemos esperar a que en algún futuro incierto el estado deje de robarnos, sino que tenemos que desobedecer evadiendo impuestos hoy mismo pues sino nunca se dará ningún cambio. Así que, a evadir impuestos por un futuro mejor!