17 de noviembre de 2008

Esclavos, hoy

- robado del blog de Martín - Destructor de Mitos

En los últimos siglos, uno de los grandes avances de la humanidad ha sido la reducción notable de las situaciones de esclavitud. Aunque, lamentablemente, aún se dan casos de este tipo, en general se trata de prácticas reprobadas por la inmensa mayoría de las personas. Sin dudas, se trata de una mejoría fenomenal si considera que hasta bien entrando el siglo XIX la posesión económica de personas era un hecho común de la vida.


Debe comprenderse bien el fenómeno de la esclavitud en aquellos tiempos: su existencia no obedecía a la voluntad de personas perversas, malsanas o inhumanas. Simplemente se creía que así debían ser las cosas y que de esa manera la organización social funcionaba relativamente bien. En definitiva, se reconocía que existía algo así como una jerarquía natural (o cultural) que justificaba la explotación de unos en beneficio de otros.


Pero evolucionamos y actualmente esa visión resulta inaceptable y aberrante para casi todos. Hoy, una persona no puede ser dueña de otra, es decir, no puede (o no debe) hacerla trabajar en forma compulsiva para su propio beneficio.


Sin embargo, aún continúa aceptándose una forma de esclavitud indirecta (o mediata): uno no es libre de utilizar en lo que desee todo el producto de su trabajo. En la práctica, una parte no menor de los ingresos generados por cada individuo es compulsivamente apropiada y utilizada para fines que dependen de las preferencias de un grupo mayor o menor de personas (*). No es casualidad que a esta apropiación la denominemos “impuestos”.


Por supuesto, se trata de un sistema más “amable” y que se encuentra debidamente presentado con un barniz de solidaridad. Pero una vez eliminada esa cáscara, una vez que analizamos en profundidad ese sistema de organización de las relaciones sociales y las creencias y valores que lo sustentan, nos encontramos con un núcleo que aún conserva gran cantidad de residuos esclavistas.


Somos en gran medida libres para elegir a quien venderle nuestro trabajo (un avance no menor), pero continuamos siendo esclavos a la hora de dar uso a los recursos de generamos. Tal como hacían los esclavistas, el grupo de poder que controla al estado (y por lo tanto los medios políticos y la violencia institucionalizada) nos utiliza como objetos económicos destinados a aportar compulsivamente a sus intereses y fines particulares.


En el futuro, creo que esto último será visto tal como vemos a aquel sistema de esclavitud directa del pasado, que tanta repugnancia nos produce hoy.

(*) Siempre cercanas y funcionales a los grupos de poder socio-económico establecidos.


- Lo único que puedo agregar a este escrito, es que si bien con la esclavitud el hombre a evolucionado, esta evolución no se dio a partir de la nada sino a partir de quiénes se negaron a ser o tener esclavos. Esa desobediencia siempre es y será necesaria para dar los debidos cambios en la sociedad. Así como los negros que huyeron, y quienes los ayudaron a ser libres, no esperaron el futuro sin esclavos sino que forjaron su propio camino, hoy nosotros tampoco debemos esperar a que en algún futuro incierto el estado deje de robarnos, sino que tenemos que desobedecer evadiendo impuestos hoy mismo pues sino nunca se dará ningún cambio. Así que, a evadir impuestos por un futuro mejor!

2 comentarios:

Alfredo V dijo...

Yitux,

De acuerdo en mucho con este post.

Sin embargo, tenemos que aceptar que la única manera de redistribuir la riqueza es a través de los impuestos. Lo malo, es que el Estado, al igual que los antiguos "amos" todo lo que obtienen lo despilfarran y por tanto se pierde la razón de ser de los impuestos.

Si por el contrario, el Estado devolviera en servicios básicos, infraestructura, eduación, salud, financiamiento productivo, etc. Entonces se transformaría de "amo", a "socio" del ciudadano.

Yitux dijo...

Si brindara educación, salud, infraestructura y demás servicios de una forma eficiente, habría necesidad de que sean impuestos y no voluntarios? El simple hecho que sean por la fuerza demuestra su naturaleza ineficiente.

saludos